Del catálogo de servicios a la rentabilidad real
Un centro de servicios se gestiona bien cuando cada línea del catálogo tiene, además de su descripción comercial, un coste conocido y una capacidad asignada. Sin esas dos cifras, el margen solo se descubre al cierre y siempre de forma agregada, que es justo cuando ya no se puede corregir.
El cálculo no es complicado, pero exige conectar tres datos que suelen vivir separados: las horas realmente dedicadas al servicio, el coste de las personas que las dedican y lo que factura el contrato. Cuando esa conexión existe, aparecen con claridad los servicios que sostienen la cuenta y los que la erosionan en silencio.
- Coste por unidad de servicio con serie histórica, no solo del mes
- Horas dedicadas imputadas al servicio y no solo al cliente
- Margen por servicio y por cliente, revisado mensualmente
- Alertas cuando el consumo supera la capacidad contratada